Disfruto preguntarles a directivos que han asistido a esos famosos y costosos congresos de liderazgo: ¿Qué aprendieron nuevo o qué les sorprendió? Pero en realidad lo que mas me gusta es oír sus comentarios.

En algunos casos el silencio ya es en si mismo la mejor respuesta; en otros, alguna frase de cajón que se vuelve importante por el personaje que la dijo o por la cantidad de dólares que cobró por decirla. Se me vienen a la mente algunos:  “Los líderes deben enfocarse genuinamente en el desarrollo de su equipo”, “La gente comprometida y feliz es más productiva”, “El trabajo colaborativo produce mejores resultados”, “El líder inspira con el ejemplo”, “ Las organizaciones que quieren sobrevivir deben abrazar el cambio y la innovación”, “La comunicación efectiva es vital en un buen líder”, “invertir en la educación y formación es un gran negocio”, “Tener un propósito claro es inspirador”, “El tiempo es ahora”, “La transformación digital va a cambiar la forma de entender el mundo”, por citar ejemplos de los más comunes…

Me contaron que recientemente el expresidente Obama cobró 700.000 dólares por una presentación de dos horas en Bogotá (casi 100 dólares por segundo) … y ¿qué cambió después de eso? Saber que la educación y la igualdad de género son importantes y que el tiempo es ahora…bueno y quizás algo más. ¡Pero lo dijo Obama! ¿Por qué necesitamos que venga alguien así a decirnos estás obviedades en vez de descubrirlas y creerlas por nosotros mismos? ¿Qué pasaría si te las dijera tu madre, tu padre, tu maestro, un amigo de la infancia o algún compañero de trabajo? ¡Al menos no hubieras tenido que pagar por oírlas!

Mi intención, más que descartar que ese tipo de eventos pueden inspirar a algunos o servir a otros para hacer buenas relaciones, es plantear que el reto no está en llenarnos de más y mejores definiciones de liderazgo y frases célebres, sino en entender la forma en que actuamos diariamente, en cómo invertimos nuestra energía, en saber realmente quienes somos.

Quiero compartir cinco breves reflexiones:

  • Comencemos por entender la forma en que nos relacionamos con los demás, desde la forma en que saludamos, demostramos estar legítimamente interesado en las personas, conversamos con ellos de temas más allá de solo trabajo, revisamos todos los días la forma en que los impactamos, etc. Considero que es bueno preguntarnos acerca de la forma en que somos percibidos por otros; en algunos casos no será bueno para el ego, pero saber quienes somos y como impactamos a otros es un buen comienzo.
  • Revisar nuestra agenda diaria es una forma de entender en que empleamos la energía. Cuanto tiempo invertimos en las personas y su desarrollo, en la estrategia y su ejecución, en la creación del futuro, en asegurar el cumplimiento de la promesa de valor, etc. Muchas veces veo incoherencias entre el discurso de los líderes acerca de lo que creen que deben hacer los grandes líderes y lo que realmente hacen…
  • Para mi la mejor manera de entender el estilo de liderazgo de un líder es ver como se comunica. Escuchar con atención e interés, crear un ambiente que promueva las preguntas y la curiosidad, compartir información de forma clara y oportuna, disfrutar las conversaciones, promover la disensión, valorar la diferencia, creer en el poder transformador de la palabra, etc.
  • ¿Qué tanto confiamos en las personas? ¿Disfrutamos verlos hacer su trabajo? El exceso de control acaba con la iniciativa, la creatividad, las posibilidades y la posibilidad de equivocarse, a la vez que promueve la falta de responsabilidad, la obediencia y la monotonía. Confiar en los demás es una gran inversión en nosotros mismos, en nuestra tranquilidad y bienestar.
  • ¡Aprendamos continuamente! Que la sed de aprender y descubrir nunca se apague…Mantener la mente activa y cultivada, exponerla a nuevos desafíos, ampliar la lista de intereses, desafiarla con nuevos horizontes de conocimiento, desarrollar el pleno potencial creativo, entre otros aspectos, nos mantiene vivos y en permanente proceso de reinvención.

Cuando termino un taller de desarrollo de competencias de liderazgo, siempre me queda la inquietud de saber si realmente sirvió para algo, incluso si me sirvió a mí. Mi esperanza es pensar que alguien, ese mismo día, va a cambiar la forma de hacer algo, de comportarse, de conversar, de pensar o de relacionarse, vuelvo e insisto, incluyéndome.

Los seres humanos tenemos el don de podernos reinventar, pero esto sucederá si elevamos consciencia y tenemos el coraje para hacerlo. Lo demás es simple acumulación de conocimiento.

¡Primero hay que ser persona!, después puedo ser un buen líder… o un buen jardinero, eso ya depende de los gustos y las posibilidades. He conocido grandes líderes naturales que jamás han asistido a uno de esos congresos de liderazgo o tenido acceso a información sobre el tema y, conozco otros, que aun yendo a todos estos espacios y recitando frases famosas de “personajes del jet set empresarial”, no tienen la capacidad de inspirar y movilizar a otros.

No me deja de sorprender la ingenuidad de muchos que con cara de asombro y voz de sorpresa, repiten que es importante que las personas tengan un propósito, que cuando las personas trabajan en ambientes positivos son más productivas y que los verdaderos líderes se interesan genuinamente en el desarrollo de otros. Todo está inventado. Volvemos de maneras diferentes a las bases del comportamiento humano que han estado presente durante siglos.

Y entonces, ¿cuál es la esencia del liderazgo?

 

Ricardo Matamala Señor

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